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  • adrianapfab

De la tierra al océano

Actualizado: 12 oct 2020



Hace tiempo que no he escrito, razones existen un millón aunque tal vez la palabra correcta sería excusas y falta de organización. Quiero volver a hacerlo y compartir mis experiencias por el mundo. Mucho lo he mencionado, pero no lo he plasmado en letras y renglones como debería para contar mi historia de cómo es que llegué a la industria marítima. He cruzado el mundo en avión y en barco; en avión simplemente he dejado de contar las veces que he volado, y eso que casi siempre guardo mis boletos, mayormente para inscribirme mas tarde en los grupos de viajero frecuente de las aerolíneas y así obtener descuentos y beneficios, a veces lo he hecho pero muchas otras digo “luego” y se me olvida y los seis meses de tolerancia para inscribirse se terminan. Pero al contrario de los aviones, los barcos sí que los puedo contar, pues he estado en 14 a lo largo de mi vida y he cruzado el Atlántico unas cuatro veces navegando. Hay una tradición entre los marineros y navegantes que dice que por cada 5 mil millas náuticas recorridas se tatúa una golondrina, cada milla náutica equivale a 1,852 km por lo tanto 5 mil millas náuticas equivalen a 9,260 km recorridos en alta mar. La distancia entre Europa y América son casi 8,000 km en línea recta, entonces a estas alturas podría haberme tatuado ya unas 5 golondrinas por las veces que he cruzado el Atlántico y todo lo demás que he navegado, pero la verdad es que no tengo ningún tatuaje en el cuerpo pero sí un montón de historias y experiencias tatuadas en mis memorias.




Todo empezó cuando yo tenía 15 años, nunca he sido una persona que le gusten las formalidades y las fiestas grandes, y menos cuando se trata de ser yo la protagonista, creo que lejos de disfrutar me agobio bastante. Por eso mismo, en lugar de una fiesta pomposa de 15 años, mis papás me llevaron a un crucero, una experiencia que cambiaría el rumbo de mi vida. Fue un crucero de una semana en el caribe saliendo de Houston, fui con mi mamá y mi abuela. Fue como ir a un mundo completamente diferente de lo que yo conocía. En ese momento creí que era el trabajo perfecto, pues pensaba que los tripulantes tenían la mejor vida de todos los posibles trabajos del mundo: viajar, disfrutar, ganar dinero y poder ahorrar, pues poco se gasta mientras uno es tripulante, o eso es lo que mi lógica me dijo. Algunas imágenes se me quedaron tan grabadas que aún las puedo ver cuando cierro los ojos, ejemplo las esculturas de hielo que algunos tripulantes tan artistas son capaces de crear, también los espectáculos del teatro o los bailes por las noches. También recuerdo a Camerón, mi ligue de ese crucero, del cual solo hablamos un par de veces y nunca volví a saber más de él. Al regresar de ese viaje, decidí que iba a regresar a los barcos y que incluso iba a trabajar en ellos.



Pasaron los años, exactamente 10 años, y regresé a un segundo crucero con mi familia para navidad. En realidad ya había olvidado un poco mi deseo de trabajar en un barco pero cuando regresé a aquel segundo crucero por el Caribe, mi memoria desempolvó ese deseo arrumbado en un rincón de mi mente. Esa emoción y ganas de estar en los barcos, regresó a mí con bastante fuerza.


Al año siguiente, el cual era el último año de mi carrera, tuve la oportunidad de irme a trabajar durante un verano a Walt Disney World en un programa para universitarios. Estuve en la recepción de un hotel llamado “Contemporary Resort”, ahí experimenté mi gusto por el turismo y el servicio a los demás. Conocí a gente maravillosa de la cual aprendí bastante y hoy en día son grandes amigos míos. Entre ellos tuve una amiga catalana, que trabajaba en el mismo hotel que yo, ella me contó que había aplicado para trabajar a los cruceros de Royal Caribbean y que ya la había contactado; al escuchar esto me emocioné bastante por ella y le pedí que me mostrara en dónde había aplicado, para yo hacer lo mismo.


Llené la solicitud y la verdad, me decepcioné bastante porque esperé una semana, un mes, 6 meses y nada. Estaba segura que no les había interesado para nada, así que terminé mis estudios y me fui a hacer un máster de periodismo a Barcelona, y no fue hasta después de un año, cuando estaba terminando mi máster, que me contactaron para entrevistarme; en realidad yo ya ni me acordaba, pero después de tres entrevistas quedé seleccionada y me dieron el trabajo.



Yo imaginaba que me iban a mandar a lugares de la costa del Mediterráneo, en realidad eso era lo que quería, pero no, en lugar de Europa me mandaron a Sudamérica. Llegue a Buenos Aires, Argentina. No tenía ni idea de lo que me esperaba, podía imaginarme historias de mi vida en los cruceros, creo mi imaginación era bastante romántica pero un poco alejada de la realidad. Tenía una sensación de temor combinada con emoción y nerviosismo, algo parecido a lo que se siente cuando uno está a punto de caer de la subida más inclinada de una montaña rusa. Llegué aquel día, con todos mis sentimientos a flor de piel, cuando de pronto visualicé al que sería mi hogar durante los próximos seis meses, el “Celebiry Infinity”.



Ni siquiera me imaginaba que iba a conocer tantos lugares del hemisferio sur como Argentina, Uruguay, Perú, Colombia, y sobre todo, jamás me imaginé que iba a ir a la Antártica y a ver a los pingüinos con sus formas únicas de caminar.




Asimismo tuve la fortuna de conocer lugares de Centroamérica como Guatemala, Costa Rica y Honduras y Belize; las más preciosas playas que se puedan conocer en el Caribe, o bien los increíbles paisajes boscosos y nevados de Canadá y Alaska.





Fue una experiencia muy enriquecedora, fue una mezcla de tonos claroscuros, conocí gente maravillosa de todo el mundo y aprendí lo que es trabajar bajo mucha presión y lograr grandes tareas en poco tiempo. A mí me tocó estar en servicios al cliente y traducir para los huéspedes de habla hispana, alemana y en una que otra ocasión para franceses. En ocasiones me tocó traducir tours por el barco a germano parlantes, y vaya que esos eran retos porque había veces que no conocía los tecnicismos marítimos ni en mi mismo idioma, entonces tenía que improvisar alguna veces. Pero la verdad era divertido porque siempre he disfrutado conocer gente nueva de otros países y ayudar a resolver conflictos, pero también me encantaba porque tenía la oportunidad de hablar varios idiomas y practicarlos.




Como contaba, la vida marítima tiene sus tonalidades, en el lado colorido y lleno de luz, está principalmente la gran oportunidad de ver el mundo de una manera única, a través del mar que te lleva a puertos paradisiacos, tienes la oportunidad de ver seres vivos marítimos que usualmente se ven en las pantallas en documentales y en canales como National Geograpgic.



Trabajando en un barco lo puedes ver todo sin que te cueste dinero, pues es parte de tu itinerario de trabajo, pero tienes que elegir entre aventura o descanso. Sin embargo, el trabajo era bastante pesado porque en un barco se trabaja de Lunes a Domingo y no hay días de descanso, además de que al día se trabajan 11 horas con entre 3 y 4 horas de descanso entre ese horario, pero cuando uno está en un puerto que quiere conocer, se tiene que decidir si dormir en esas horas de descanso, o salir a pasear y conocer el puerto en turno. Yo casi siempre hacía lo segundo, a menos que fuera un lugar que repitiéramos con frecuencia, pero casi siempre pensaba, “si no es ahora, cuándo?” Así que prefería sacrificar horas de sueño.



Un barco es como si fuera un pueblo o una ciudad pequeña, en ese mismo espacio ocurren todas las partes que componen la vida, o casi todas: Trabajas, vives, comes, sales con tus amigos, viajas, te enamoras, te rompen el corazón, te vuelves a enamorar. Sobretodo el amor, como en cualquier aspecto de la vida, es un elemento esencial que no puede faltar. Los mejores guiones de telenovelas románticas y dramáticas se pueden sacar de la historia de cualquier tripulante de un barco. Incluso yo que estuve poco tiempo, pasé por esas historias melodramáticas.






Honestamente yo creo que la razón por la que se vive todo tan intensamente en los barcos, es por el tiempo y el espacio en el que se vive. Mismas personas por un periodo largo de tiempo, y no me refiero solo a los meses que se trabajan a bordo, sino las horas del día que se convive con las personas en un barco. En tierra puedes ir a trabajar a una oficina todos los días, tienes un horario pero después sales y vas a casa, a cenar con amigos, al cine, teatro o cualquier otro lado, luego también están los fines de semana donde uno se desconecta de la vida de entre semana y se vuelven más familiares o recreativos. En un barco, todos los componentes de tu vida, están en un solo lugar. Por ejemplo, trabajas con ciertas personas, que más tarde te los encuentras en el comedor, luego en el bar, luego en la fiesta de tripulantes, en cumpleaños, luego hasta vives con tu compañera/o de trabajo, es decir, ves a las mismas personas 24/7 durante los meses que estás en el barco. Por lo tanto, te encuentras con todo tipo de historias. Lo que llegas a conocer a una persona en tierra durante 3 meses, tardas en conocerlo en un barco en solo un mes, por la intensa convivencia que se tiene en un espacio así de pequeño y cerrado.



Yo tuve suerte porque aunque estuve poco tiempo, tuve vivencias únicas. Tuve a compañeras de habitación a las que quiero mucho y siempre convivimos muy bien, de México y de Polonia; también tuve compañeros de trabajo con los que me llevé muy bien. Solía llevarme muy bien con los músicos del barco, tal vez por el alma artista que compartimos, pero ellos eran como mi familia a bordo. Durante mi contrato como tripulante me tocó ver múltiples escenarios que se pueden tomar para historias de cine; cuando recién llegué, nos embarcaos con rumbo a la Antártica y vaya que la marea estaba alta, en esa zona del hemisferio sur hay muchas corrientes por la unión del océano atlántico con el pacífico y sus diferencias de temperatura y altura; nuestro barco llevaba solo un estabilizador porque el otro estaba descompuesto y había veces en donde el barco iba navegando inclinado, y se movía muchísimo, incluso se tuvieron que asegurar sillas, esas, esculturas entre otros objetos para evitar que se cayeran. Caminaba de un lado al otro como si tuviera algunas copas encima. Esto nos ocasionó ir de emergencia a dique seco en Panamá por una semana para que repararan el otro estabilizador y los múltiples problemas que presenta un barco viejo.



Cuando estábamos en dique seco, quitaron el aire acondicionado y era un calor que era insoportable dormir en las cabinas sin ventanas y de 2m2 de espacio por lo que junto con otros amigos nos fuimos a dormir a los camastros de la cubierta del barco. Sin embargo, esa semana estuvo bastante divertida porque coo no había pasajeros, se organizaban fiestas, eventos y actividades exclusivos para la tripulación.


En Sudamérica, en ocasiones había mal clima y se tenían que cancelar puertos pues no se podía atracar. La gran mayoría de los pasajeros no entendían que la cancelación se debía a la seguridad de todos, e iban a reclamar y gritar con nosotros. Una vez, incluso, se armó una revuelta contra el capitán donde en coro exigían verlo y recibir compensación por la cancelación de puerto.




Otra aventura fue cuando hubo una epidemia entre los pasajeros de un crucero de 15 días, que se pasó al siguiente crucero también. En esa ocasión todos los tripulantes, sin importar cual fuera su cargo, tuvimos que trabajar doble y dividirnos para servir a los pasajeros sus alimentos para que no se expandiera más esa infección del estómago que se presentaba entre los pasajeros. Ya fuera bufete, bebidas, hasta tuvimos que hacer lo mismo en el comedor de tripulantes. Luego teníamos que sanitizar todos los espacios del barco. El día de hoy escribo en medio de una pandemia que está afectando al mundo entero, en 2017 era una epidemia que se extendía en un barco de poco menos de 2000 pasajeros pero que parecía una locura y algo difícil de creer que estuviera pasando, había gente que consideraba las medidas de sanidad y seguridad del barco como exageradas, incluso yo. Creo que hoy lo veo mucho más claro y comprendo mucho mejor las decisiones de las autoridades durante esa epidemia, que si se compara con lo que hoy vivimos, vaya que es una pequeñez pero que no deja de ser importante.


Esas son algunas de las vivencias que tuve abordo del “Celebrity Infinity”. Un barco donde se puede esperar de todo, muchas aventuras, risas, llantos, nostalgia. Un barco donde se puede ver cómo el sol besa al mar cada día al darle las buenas noches.



A mí me llamaba mucho la atención conocer gente que llevara más de 10 años trabajando en un barco, pensaba “cómo es que no les pesa tanto irse de casa, de sus familias, tendrán personas esperándoles con ansia en casa cuando regresan? A mí en lo personal me costó bastante trabajo irme y saber que no iba a ver a mi familia durante 6 meses, y eso que ya tengo bastante experiencia en eso de las despedidas, pero siempre lo siento como si fuera la primera vez que me fuera o la última de verlos. Se me hace un nudo en la garganta que se me va hasta el estómago; no importa a donde me vaya ni por cuanto tiempo, siempre que me voy lejos, se le añade una grieta más a mi corazón. La verdad admiro a esos tripulantes que están se van la mayor parte del año y sólo ven a sus familias por uno o dos meses cuando mucho.



Yo imaginaba que permanecería en este trabajo unos dos o tres años, en lo que ahorraba, pero iba en mi tercer mes cuando conocí a una persona que cambió el rumbo de mi vida 180 grados. Conocí a Jason mientras él realizaba uno de sus primeros proyectos para Celebrity Cruises, gracias a una amiga pianista. Aquel día nos tocó Costa Rica, estábamos en Puntarenas, yo estaba en la playa tomando el sol con una amiga de mi trabajo cuando llegó mi amiga pianista con Jason, fuimos a tomar unas piñas coladas y así fue como empezamos a conversar y me contó sobre el proyecto que realizaba en el barco, yo le conté que varias cosas que estaba haciendo, las había aprendido en la universidad. Él se interesó en saber más sobre mi carrera, y me propuso que yo podría trabajar para él; yo imaginé que lo había dicho por decirlo pero no creí que fuera en serio, pero aún así, yo le enseñé los proyectos que había realizado y el libro que había escrito. Un día después, me dejó el contrato de trabajo en un sobre en recepción. Yo estaba que no me la creía, como si fuera un sueño que en realidad no estaba pasando. Él me dijo que si ese mismo día renunciaba con Celebrity, al día siguiente yo tendría trabajo con él. La realidad es que me hubiese sentido mal si hubiese botado mi contrato con la naviera así como así, por lo que decidí finalizarlo y después comenzar a trabajar con él. Jason lo aceptó y así fue como la historia se desarrolló.




Terminé mi contrato con Celebrity y regresé a casa, fui de vacaciones por Europa con mi mamá y mi abuela, y después, un 2 de Octubre en Saint Nazaire, Francia fue que comencé a trabajar para Illuminating Magic. Nos embarcamos en un barco que no iba a ningún lado pero que en mi vida me llevaría muy lejos.


Ahora llevo casi dos años trabajando para esta misma compañía y sólo puedo contar experiencias positivas, pues he aprendido lo que nunca había hecho, he visto lugares a los que no había ido jamás, y de pronto me vi en un proyecto en que jamás me imaginé que iba a tener cabida porque ni siquiera sabía que existía, pero vaya que ha sido maravilloso.


Este proyecto se llama Le Petit Chef, tal vez muchos ya saben lo que es, pero para quienes no, es un trabajo de video mapping sobre mesas de restaurantes en donde un mini chef de menos de 10 cm de altura, crea platillos memorables y deliciosos. En este proyecto se usan herramientas como la animación 3D, el mapeo de superficies, la edición de video, programación informática e instalación; y yo he tenido la grandiosa fortuna de ser parte de todo esto y de que a pesar de que empecé con poco conocimiento en el campo, me han enseñado y he aprendido hasta el punto de ser un miembro importante en el equipo.



En el proyecto de Illuminating Magic con Celebrity Cruises, hemos viajado por todo el mundo, hemos visitado más de 50 países y más de 100 ciudades; hemos visto toda la flota de la naviera y la verdad es que, a pesar de que estamos trabajando, es un estilo de vida completamente diferente al de un tripulante de crucero. En realidad se siente como si fuéramos huéspedes preferenciales. Además de las ya mencionadas, esta es una de las razones por las que me siento tan afortunada y feliz, he podido ver el lado iluminado de la vida en los barcos.


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